
(fragmento facilitado por Rubén López Rodrigué)
Hay
que viajar solo, aprender un idioma, involucrarse con la gente y no puedes estar
pensando en tu familia.
Me
siento muy mal cuando no escribo, con un complejo de culpa.
Gente
como Joyce nació en los apartamentos de sus padres y sus abuelos, que estaban
llenos de libros y así empezaron a leer. Yo nací en una familia muy pobre que
vivía en la parte oriental de Polonia. Al estallar la guerra[1] fue ocupada por las tropas armadas soviéticas,
entonces tuvimos que huir hacia Polonia Central y vivir en una aldea aún más
pobre y más analfabeta, donde no había ningún libro. Durante la guerra, los
polacos no podíamos estudiar más que siete años de primaria. Era como vivir
en un desierto.
[En
la niñez] no tenía nada, ni siquiera zapatos. Mi educación fue muy mala en el
sentido de que todo lo empecé muy tarde, a leer muy tarde, a escribir muy
tarde, a estudiar muy tarde, y todo por la guerra. Puedo decir que esos diez años
más formativos en el ser humano, entre los nueve y diecinueve, fueron para mí
años perdidos. Yo podría decir que mis lecturas recomendadas empezaron cuando
tenía unos veinticinco años.
El
problema de los géneros y las terminologías es que tienen diferentes sentidos
en diferentes idiomas y culturas. En nuestra tradición literaria no tenemos
esta distinción que hay en América Latina entre la crónica y el reportaje.
Entonces nunca pensé en si quería ser escritor o si quería ser periodista.
Cuando me sentaba, no pensaba en que iba a escribir una novela o un reportaje o
un ensayo. Yo sólo quería escribir bien.
No
se puede escribir ahora cualquier libro. Ahora escribir un libro debe ser una
protesta.
Los
periodistas se preocupan en cómo escribir más que en aprender a leer. La
tendencia va hacia la ensayificación de la prosa.
A
veces me preguntan qué libro influyó más en mi prosa y yo tengo que decir que
ninguno, porque no puedo decir si alguien ha escrito antes de esa manera. Tuve
que inventar una nueva prosa.
Mi
sueño fue siempre ser filósofo. Pero al momento de entrar en la universidad
eran tiempos de estalinismo y la facultad de filosofía fue cerrada por
considerarse muy burguesa. Tuve que estudiar historia.
Digo
Dostoievski porque el problema entre los rusos es que no tenían filósofos académicos
y sus filósofos están entre sus novelistas y sus hombres de iglesia. En la
tradición rusa no hay una clara distinción entre la filosofía y la teología,
y entre ellas se entromete la literatura.
La
mayoría de biografías son sólo trabajos de no ficción. A veces no necesitan
poesía e imaginación y se valen sólo de la documentación.
Creo
que ahora aparece un talento en cada cinco o diez millones de gentes, muy rara
vez.
De
Chejov se suelen conocer más sus cuentos y teatro, pero no tanto el resto de su
obra, como sus diarios y sus reportajes. Chejov fue un gran reportero. Cuando
estaba muy enfermo de tuberculosis, se fue en un barco a una isla rusa del Pacífico,
Sajaliv, y escribió un reportaje sobre los maltratos que se daban allí contra
los prisioneros. Era un maestro en la creación de atmósferas, de esos pueblos
en los que no sucede nada. Y fue cuando estaba ya muy enfermo.
[De
Dostoievski][2]
Un editor moderno eliminaría la mitad de todas sus novelas por esa tendencia de
hablar, hablar, hablar. Pero de repente, llegas a una página y hallas cosas
geniales. Ésa era su forma de escribir. En literatura, si mantienes el mismo
nivel durante todo el tiempo, te haces ilegible. Hay que poner adentro un poco
de kitsch, para reforzar luego el mensaje. Si tomas a un escritor como Canetti,
que tiene varios niveles de calidad, haces una selección de sus mejores
pensamientos y los publicas en un librito de cien páginas, Canetti sería
ilegible [...]. La altura asfixia y de vez en cuando hay que descender para
encontrar un respiro.
[Su
libro Lapidarias] Es una poética del
fragmento que te da la oportunidad de descansar [...]. [Esta poética lo vuelve
un pariente estilístico] de Nietzsche, pero de Cioran no, porque justamente él
es un escritor que, en sus entrevistas, dice que anda sólo por las cumbres del
pensamiento. Es decir, Cioran elimina todo lo que le ha costado llegar a esa
cumbre y sólo escribe la última sentencia. Nunca puedes saber cómo llegó a
ese pensamiento. Por eliminar todo el proceso para llegar a esa última
sentencia, sus libros son ilegibles. Cioran me parece un gran ensayista sobre la
religión y la historia, pero su escritura de aforismos es ilegible. Puedes leer
sólo unos o dos. [Esta poética del fragmento] es una forma muy moderna de
expresarse para el lector contemporáneo, que no tiene tiempo de leer historias
tan largas y complejas [...].
[La
Biblia] La leo todo el tiempo y muy a
menudo la estoy citando. Mi libro El emperador
tiene un poco la estructura de la Biblia.
Es el libro más dramático que se ha creado, pero también es un libro muy
cruel. Ahora se suele criticar a la televisión por transmitir tanta violencia,
cuando más cruel ha sido la Biblia:
en sus páginas se come a niños, se llama a matar a los enemigos, se queman
casas, se sacan los ojos a los hombres. Los dueños de la televisión moderna no
han inventado nada nuevo.
Yo
admiro la obra de Gabo. Borges tenía otras virtudes: demostrar que con el texto
se puede crear literatura. Era un aristócrata y tenía ideas derechistas. Pero
siempre he estado en contra de clasificar el valor de la literatura por las
ideas política de sus autores.[3]
Los
críticos suelen compararme más con Saint-Exupéry (un hombre viajero
trabajador, no viajero turista). El Principito no es un libro para niños. No soy partidario de esas
clasificaciones. Sus escritos se sitúan justo entre Kafka y García Márquez.
Kafka
me gusta, pero no tengo nada especial que decir sobre él. Yo leí a Kafka no
tan joven, y luego, por mi trabajo, no tuve tiempo de releerlo. Tuve que
concentrarme en lecturas antropológicas sobre el Tercer Mundo fuera de Europa.
Preparaba un libro y me ponía a leer todo sobre ese tema particular.
Sí,
estoy en contra de los best~sellers,
pero no puedo hacer nada. Es un gran problema de nuestro tiempo. Es una trampa
muy engañosa, pero The New York Times
Books Review encontró esta solución:
en cada lista de libros más vendidos ponen también una lista de los libros
preferidos por sus críticos. Es como una balanza que muestra las tonterías del
mundo con sus best-sellers, pero también que hay libros valiosos.
[Anunciar
la muerte de la literatura, como lo hizo George Steiner] Es una profecía
absurda. Toda la historia consciente de la cultura humana empieza porque el
primer hecho estaba escrito.
[1] El autor se refiere a la Segunda Guerra Mundial.
[2] De este escritor dice que escribía muy mal pero que su mundo literario es memorable.
[3] Borges también era un gran lector de filósofos.
Revista Oxigen