
Internet
se ha convertido en un poderoso medio de difusión para todo el mundo, en
especial para los escritores y poetas. Miles de autores cuelgan sus obras en
foros y tertulias, algunos menos publican sus textos en revistas literarias, y
los más osados apuestan por buscar agencias o editoriales a través de la Red.
Lo que no saben estos autores es de la presencia de algunos lobos entre el rebaño.
Me explico. Antes un agente literario recibía una obra, una novela por ejemplo,
la leía, y si su opinión era favorable, le comunicaba al autor que intentaría
que se publicase con alguna editorial, recibiendo su correspondiente comisión.
Hoy en día todavía existen algunos agentes literarios tradicionales, y digo
tradicionales porque en España parece que se van extinguiendo, no así en el
mundo anglosajón, pero parece que en este país la picaresca llega a corromper
y maltratar el arte más que en ningún otro sitio. Y es que de un tiempo a esta
parte ha proliferado el negocio de las agencias literarias y de las editoriales
de coedición con presencia en la Red, creados como negocios pese a las hermosas
palabras de sus directores, que se esfuerzan por aparentar ser los nuevos
altruistas del siglo XXI. Unos bondadosos señores que convencen a los autores
de que su obra tiene buena “pinta” y si lo publican (asumiendo el autor casi
todos los costes) habrá ingresos suficientes como para amortizar el gasto, e
incluso en ocasiones beneficios. El verdadero problema llega cuando el autor,
una vez decidido a llevar a cabo este sistema de coedición, contacta
desgraciadamente con una empresa que resulta ser fraudulenta. Nada alegra más
al ilusionado escritor novel, quien firma alegremente el contrato, o incluso
hace una transferencia amparándose en su confianza hacia el melindroso editor
que lo ha convencido, sin esperar que tiempo después esta editorial haya
desaparecido literalmente o no conteste a sus reclamaciones.
Observemos
las convincentes palabras del editor de una de estas entidades, hace ya algunos
años:
“Por
eso creamos la figura del Autor con Obra en Curso para aquellos escritores con
problemas en el proceso creativo....De acuerdo con el Autor, concebimos un plan
para llevar a cabo la Obra. Realizamos su seguimiento. Corregimos estilo y
puntos débiles. El resultado final es que el Autor consigue al fin tener una
Obra escrita, sólida, de la que sentirse orgulloso. Y Editorial xxx la
publica,”
¡Qué
bonitas palabras! ¡Cuánto optimismo y generosidad! Es curioso, porque más
adelante, después de toda esta verborrea, se habla de precios. La editorial
cobrará por dicho asesoramiento, y luego la publicación no queda tan clara,
aunque me consta que deberá ser finalmente el autor quien la asuma en su
totalidad.
Se
encuentran también las nuevas agencias literarias, en mi opinión un acertado
negocio, porque ahora cobran por leer los manuscritos, de manera que no
necesitan encontrar buenos autores para relacionarlos con editoriales,
sencillamente pueden dedicarse exclusivamente a cobrar a los cientos de autores
que les envían sus obras previo pago. Y hablo de autores que han sido premiados
en certámenes o publicados anteriormente, no sólo principiantes. El pago es
exigido a todos incondicionalmente. Si un autor que ha ganado un certamen
literario reciente con su novela, decide enviarla por correo postal a una
agencia literaria de esta calaña, el ejemplar irá directamente a la papelera,
porque el autor no ha realizado el pago previo, y sin pago, no hay derecho a
lectura. Con ello ya tienen el negocio redondo. No necesitan preocuparse
buscando a un posible editor. Pueden subsistir de los ingresos de los cientos de
escritores que, ilusionados, hacen la transferencia para conseguir ser leídos.
De
esta guisa, Internet se ha convertido en
una auténtica selva donde autores noveles (y no tan noveles) pululan con mejor
o peor fortuna en un terreno plagado de depredadores, que no dudan en emplear el
arte del engaño, la fuga y la excusa. Ocurrió con el famoso y flagrante caso
Jamais (ahora en los tribunales), y está ocurriendo con otros entes. Una
editorial “de toda la vida” acepta el ejemplar gratuitamente, lo lee y
valora. En el mayor número de ocasiones lo rechaza y el autor se busca otras
opciones. Las editoriales y agencias internautas fraudulentas cobran por la
lectura, prometen ingresos, se ganan la confianza, piden más dinero y se
esfuman. No nos quejemos entonces de las editoriales convencionales, porque los
verdaderos codiciosos son aquellos que buscan el descontento de los autores con
el difícil mundo editorial para erigirse como su remedio.
Oscar Bribián
29-10-2005
Nota: El presente artículo arremete solamente contra las agencias y editoriales de coedición fraudulentas, a sabiendas de que existen muchas que no lo son.
Revista Oxigen