
GUERRA
AL CLICHÉ
(Fragmento proporcionado por Rosana Puivecino)
En literatura me gusta todo
lo que es innovación. Todo lo que es original.
Odio
la rutina, el cliché y lo retórico.
Odio
las momias y los subterráneos de museo.
Odio
los fósiles literarios.
Odio
todos los ruidos de cadenas que atan.
Odio
a los que todavía sueñan con lo antiguo y piensan que nada puede ser superior
a lo pasado.
Amo
lo original, lo extraño.
Amo
lo que las turbas llaman locura.
Amo
todas las bizarrías y gestos de rebelión.
Amo
todos los ruidos de cadenas que se rompen.
Amo
a los que sueñan con el futuro y sólo tienen fe en el porvenir sin pensar en
el pasado.
Amo
las sutilezas espirituales.
Admiro
a los que perciben las relaciones más lejanas de las cosas. A los que saben
escribir versos que se resbalan como la sombra de un pájaro en el agua y que sólo
advierten los de muy buena vista.
Y
creo firmemente que el alma del poeta debe estar en contacto con el alma de las
cosas.
Y
¿qué más puedo hablar de mis ideas? Creo que todas ellas están diseminadas
en mis artículos y estudios y fácilmente pueden adivinarse en mis versos.
Pero
diré que no se crea que desprecio el pasado. No. Repruebo el que sólo se
piense en él y se desprecie el presente, pero yo amo el pasado.
Para
mí no hay escuelas, sino poetas. Los grandes poetas quedan fuera de toda
escuela y dentro de toda época. Las escuelas pasan y mueren. Los grandes poetas
no mueren nunca.
(Vicente
Huidobro, poeta chileno nacido en 1893. Pasando
y pasando, 1914)
Revista Oxigen