
EL
DIÁLOGO ENTRE LO IMAGINARIO Y LO REAL
Una
entrevista con Manuel Puig
(Texto facilitado por Rubén López Rodrigué)
La entrevistadora, Cindy Schuster, es periodista y estudiante de maestría
en literatura latinoamericana en la Universidad de Minnesota (EE.UU.). La
siguiente entrevista tuvo lugar en Boston, en diciembre de 1986, cuando salió
la traducción al inglés de la novela Pubis angelical.
C. S.: Para comenzar, hablemos de la influencia del cine en sus
escritos.
M.
P.: La influencia del cine se da tanto en la forma de mi trabajo como en las
mentes de mis personajes. Las películas, especialmente en Latinoamérica, han
sido la mitología de los años treinta y cuarenta y aún de los cincuenta. El
cine ocupaba el espacio de lo imaginario, junto con la radio y, más tarde, la
televisión. Así pues, creo que tenía que haber alguien como yo, que reflejara
todo eso. Era inevitable.
C. S.: Y usted mismo siempre se interesó mucho por el cine.
M.
P.: Oh, sí. Al comienzo era un escape, porque no podía aceptar la realidad que
se me presentaba; la realidad de las pampas a finales de los treinta y los
cuarenta; el prestigio de la fuerza del poder, no el de la reflexión. Por ello
prefería la realidad de las películas que era mucho más amable. Había en
ellas un sentido de la justicia. Así que para mí, cuando mucho, mucho más
tarde acepté la realidad, esto significó un gran cambio en mi vida. Tenía
casi treinta años cuando decidí aceptar que Hollywood no existía. Pero ahora
creo que ambos espacios son necesarios: el espacio de la realidad y el espacio
del escapismo. O como se quiera llamarlo, imaginación, fantasía...
Se
necesita el diálogo entre lo imaginario y lo real. Si uno acepta la realidad
totalmente, en un ciento por ciento, no se la puede mejorar, porque los cambios
siempre vienen por medio de los sueños. Antes de que se piense en un cambio,
antes de que se le dé forma a una proposición de cambio, uno lo sueña. Y si
no pasa por esa etapa, uno no puede cambiar nada en el mundo, y hay muchas cosas
que cambiar. Tengo esperanzas en este mundo porque he visto, por ejemplo, la
liberación de las mujeres en este siglo [XX]. Lo que está sucediendo hoy era
impensable en los años cuarenta. Recuerdo muy bien a mujeres inteligentes que
decían que la corteza cerebral de las mujeres era diferente a la de los hombres
y que el orden impuesto por los hombres era necesario para controlar la caótica
sensibilidad de la mujer. Decían eso con toda naturalidad, como si hubiera una
necesidad de dominio masculino.
C. S.: Usted escribe mucho sobre las mujeres y creo
que tiene una sensibilidad especial hacia las mujeres, algo que es poco común
en un escritor masculino.
M.
P.: Debo decir que cuando Pubis angelical
salió en español, no fue bien aceptado por las feministas. Pubis angelical es, creo, una defensa de los derechos de la mujer,
pero a ellas no les gustó el hecho de que la heroína no fuera un paradigma de
fuerza. Yo quería mostrar a un ser humano, no un paradigma de revolucionaria.
Quería mostrar el dolor que conlleva cualquier cambio. Y no recibí ningún
apoyo, especialmente por parte del grupo más fuerte de Méjico. No les gustó
el libro.
C. S.: Me siento como sorprendida porque otras
feministas con las que he hablado están, por lo general, muy bien impresionadas
con su trabajo, en parte porque usted da lugar a esas contradicciones.
M.
P.: Presento esta narración en tres marcos temporales. El presente se trata en
términos realistas. A esta mujer se la presenta con diálogos reales, con
trozos de su diario, con documentos verídicos de su condición presente. El
peso del pasado en su vida se muestra a través de lasa fantasías que reprime,
en las que es un hermoso objeto del deseo. Se siente avergonzada de esas fantasías
y por eso las reprime y las manda al sótano del inconsciente. Pero creo que en
toda mujer que tuviera treinta años en 1976, el año en que transcurre la
novela, tenía que haber ciertas fantasías de sumisión, de felicidad por medio
de la aceptación de un papel pasivo, porque estas fantasías le habían sido
presentadas en una tierna edad y en un empaque glamoroso.
[...].
Luego
traté de presentar el futuro como una ilustración de su miedo. Está enferma,
con miedo a morir, y también ve el futuro como una posibilidad de
perpetuamiento de su papel secundario en la sociedad. Por eso presento el caso
de este "servicio militar obligatorio", que ella tiene que prestar. La
tensión entre estos tres marcos temporales le da cuerpo a la novela. No es una
novela fácil de leer. No es tan fácil como El
beso de la mujer araña, que es muy inmediata, uno la lee y en la primera
lectura está todo. Esta puede ganar en una segunda lectura. Es un poco más
compleja.
C. S.: Volviendo a la idea de la película, yo también
creo que ciertas partes de la novela, como aquella de la fantasía sobre los años
treinta parecen muy "filmicas". Está todo el lenguaje y el tono del
cine de los treinta.
M.
P.: Pensé mucho en ciertos elementos del expresionismo alemán que fueron
importados a América por directores tales como Fritz Lang, y que terminaron por
desarrollarse en un género muy americano, el cine negro. Conté el pasado en
estos términos del expresionismo.
C. S.: Usted menciona el cine como una forma de
fantasía y de esperanza, y una manera de imaginarse de qué forma las cosas
podrían ser diferentes. ¿Qué otras funciones tiene el cine en sus novelas?
M.
P.: Bueno, ha influido mucho sobre mi estilo. Especialmente en las películas de
los treinta. Apreciaba mucho la agilidad de la narración. Es algo que me gustaría
tener en mis historias; agilidad, velocidad y mantener el interés. Un argumento
que lo mantenga a uno atento. Hay dos cosas que me gustaría lograr. Una es
estimular al lector para que piense y reflexione, y mostrar la complejidad de
ciertos asuntos; la otra es dar placer. Hay escritores que pueden ser muy
interesantes pero exigen hacer un gran esfuerzo y eso no me gustaría. Creo que
esta novela es un poco compleja, pero parte del sentimiento de incertidumbre que
se puede tener en ciertos pasajes está ahí a propósito. Quiero dar el
sentimiento de la perplejidad de esos personajes a medida que enfrentan el
pasado, el presente y el futuro.
C. S.: En su trabajo usted trata muchos temas. Como
por ejemplo la opresión a la mujer, la sexualidad y la situación política en
la Argentina, de una manera que en modo alguno es simplista y que permite a los
personajes transformarse a sí mismos por medio de los encuentros con otra
gente. En El
beso de la mujer araña los dos personajes
realmente trascienden lo que eran al principio, para convertirse en algo
diferente. Muchos de estos asuntos son realmente cuestiones políticas, por eso
quisiera que me diera su opinión acerca de la relación entre arte y política.
M.
P.: Bien, cuando escribo una novela quiero, primero que nada, clarificarme a mí
mismo ciertas cosas. Pero no escojo un problema personal como centro de la
novela si es algo que no le interesa a más de una persona. Entonces sería inútil.
Uno de los asuntos que más me interesa y está siempre presente en mis novelas
es que en cierta etapa de su vida uno se ve forzado por la sociedad a escoger el
personaje que va a representar en esa sociedad. Y entonces olvidamos que antes
habíamos sido algo diferente y pensamos que sí somos este personaje. Este
personaje puede tener aspectos gratificantes para uno, pero puede haber
necesidades propias que se descuidan en el desarrollo exitoso del personaje.
Creo que lo que hizo que El beso de la
mujer araña fuese un éxito es que el público sintió esto. Al público le
gusta ver que las personas trascienden los moldes en que están encasilladas.
Esta celda es símbolo de otro celda, los dos personajes principales se han
construido una celda para ellos. Se han creado para ellos un personaje que
finalmente los oprime. Cuando uno tiene éxito en romper ese molde se siente
liberado y pienso que eso es lo que le gustó al público. Por ejemplo Molina,
el decorador de vitrinas, se ve en la quintaesencia de la "reina
fulgurante", pero realmente es mucho más que eso. Y el otro piensa que no
es más que un duro revolucionario, pero no es sólo eso. Esto lo descubren por
medio de su relación y los ayuda a continuar. Creo que aquí, en los Estados
Unidos, donde existe la posibilidad del éxito y de logros materiales, este es
un problema muy común. En otros países donde uno es derrotado aún antes de
comenzar, porque las oportunidades de mejorar son muy pocas, el problema no es
tan apremiante como aquí. Si uno se esfuerza se pueden hacer cosas. En general,
una persona tiene éxito mediante la creación de un personaje, pero ese
personaje termina no siendo exactamente lo mismo que uno. El éxito del
personaje no es el éxito de la persona, y esto trae una terrible frustración.
Yo lo siento así con mi condición de escritor. Creo que por ser leído, por
ser un escritor de éxito, por haber ganado un premio, me voy a curar de todo.
Cada cual tiene sus propias fantasías. Pero como persona tengo otras mil
necesidades, de las cuales no se ocupa el escritor. Es muy inquietante que en el
momento en que le estén dando un premio a uno se sienta al mismo tiempo
miserable, porque hay otras cosas que se le olvidó atender.
C. S.: Me gusta que haya mencionado por qué creía
que la película tuvo éxito, ya que en términos generales pienso que los
norteamericanos no estamos muy familiarizados con la literatura latinoamericana.
Me pregunto si ver una película sobre Latinoamérica nos da la oportunidad de
fantasear y pensar cómo podríamos nosotros cambiar nuestro mundo, de la misma
manera que lo pensaban con las películas
de los treinta en Latinoamérica. ¿Podría hablar de la influencia del tango en
su trabajo?
M.
P.: Bien. Me pareció interesante mostrar que los dos personajes principales de Boquitas
pintadas son personas de clase media que creen en la ideología de la
"gran pasión", todo se sacrifica al gran amor, etcétera, etcétera.
Así, pues ellos se identifican con las letras de los tangos y con las letras de
los boleros; aman esas letras. Pero en la vida real no actúan así. Son muy
calculadores y cuidadosos. La novela trata precisamente de esta contradicción.
De esta gente que piensa que es tan romántica, cuando en realidad no lo es. La
historia contada en los tangos está llena de acciones viles. Así, la
contradicción de los personajes es también la contradicción en la forma de la
novela. Es una historiecilla muy fría y calculada. La clase baja es diferente.
La clase baja en Argentina actuaba de acuerdo a la letra de los tangos porque no
tenía nada que perder. En realidad no se privaban de nada. Pero la clase media,
como la clase media de otros países, tiene otros valores.
C. S.: En términos de la técnica, sus personajes
parecen muy autónomos. Como lectora tengo la sensación de que usted les da
mucha libertad, usted los pones ahí y los deja llevar el peso de la trama, pero
al mismo tiempo, la estructura sí es muy estricta. ¿Puede hablar sobre la
interrelación entre estos aspectos de su estilo?
M.
P.: Bien, me gusta que usted haya notado esto, porque mis personajes siempre se
basan en gente real. Es verdad que ellos cargan la acción. Yo no decido qué
les va a pasar. Los dados están echados de antemano. La historia está escrita
desde antes de que yo comience. Entonces, lo que me queda por decidir a mí es cómo
contarla. El estilo es decisión mía, pero al mismo tiempo tiene que ser un
estilo que me ayude a revelar la historia.
C. S.: ¿Cómo se siente al ver El
beso de la mujer araña convertida en una
película?
M.
P.: Bueno, esta es una pregunta complicada. Cuando uno colabora con los
productores, directores y actores, hay una gran cantidad de estímulo a raíz de
la discusión y de ver su interés en el trabajo de uno. Luego se pierde el
control de los resultados. Escribir es un acto más solitario; es difícil, pero
le da a uno el control total. La colaboración tiene momentos sociales hermosos,
pero le tiene que decir adiós a su pureza de estilo.
C. S.: ¿Cuánto tiempo lleva viviendo por fuera de
la Argentina?
M.
P.: Muchos años. Me fui en el 73, porque Perón volvió y con él la censura.
No podía soportarlo y la Junta era todavía peor. Para el tiempo en que la
represión cesó, en el 83, ya me había establecido en Río de Janeiro. Me sería
muy difícil volver, por razones prácticas y porque uno ha desarrollado otros
intereses; se vive y se conocen otras personas. Y ya no podría vivir fuera de Río
de Janeiro.
C. S.: ¿Cree usted que esto se ha reflejado en su
trabajo?
M.
P.: Sí. Cada novela muestra el lugar en que vivía en ese momento. El beso de la mujer araña fue inspirado en la Argentina. La escribí
por fuera, pero cuando me fui, en el 73, ya la tenía en mi cabeza. Pubis
angelical refleja mi experiencia, el primer lugar donde viví.
Maldición eterna a quien lea estas páginas cuenta de mi estadía en Nueva
York, del 76 al 79. Sangre de amor no
correspondido, mi última novela hasta el momento, habla de mi experiencia
brasileña.
En
la actualidad Manuel Puig se encuentra trabajando en otra novela y en una obra
de teatro.
Revista Oxigen